Lo simple y lo complejo desde el diseño.

marzo 28, 2011

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Cuando hablamos de lo simple y lo complejo, generalmente se sitúan los conceptos en posiciones antagónicas, lo sencillo y sin dificultad, opuesto a lo difícil o lo compuesto, sin embargo, los estados que podemos vincular pasan de un estado a otro con una facilidad increíble y se pueden mirar desde varios puntos de vista.

El diseñador debe buscar en lo simple, transmitir lo complejo, resucitar de cierta manera aspectos comunicacionales que activen la realidad cognitiva de su receptor, cuando eso no es así, la comunicación se mantiene en el estado de “información, no es la acción-reacción que esperamos producir con la trascendencia del mensaje.
Es necesario comprender lo que ya he mencionado antes, que somos lo que se ha forjado por generaciones y estímulos socio-ambientales, por esto, es de vital importancia reconocernos en el lenguaje y su significación simbólica.

Lo simple y lo complejo varía según las culturas y el nivel de importancia del comunicado, nuestra sociedad latina hace más compleja su carga emocional, a diferencia de los asiáticos que lo hacen racionalmente y exteriorizan menos sus emociones, quizás por eso, que el avance tecnológico es diferente en ambas latitudes, el nivel de importancia que tiene para la cultura es distinto y la forma de disminuir la incertidumbre también lo es (la atención o confianza que se manifiesta en lo trascendente).
Las restricciones límite para eliminar la incertidumbre, están dadas por la mediación de “alguien” que discrimine lo importante de lo no importante, labor que separa lo complejo en una situación discursiva, quien discierne qué contenido se entrega y de qué manera (también está dado por un mediador que no posee conocimiento infinito).

Los llamados “retornos crecientes” (que plantea Murray Gell-Mann en “simplicidad y complejidad”*) son principalmente limitantes al desarrollo de la simplicidad en pos de la actividad cognitiva, el significante de lo que conocemos y la problemática para asumir nuevos cambios en la forma de hacer y desarrollar los sistemas de cambio inteligente.
Si la inteligencia se conecta con la creatividad el nivel de incertidumbre se reduce, por lo tanto, somos capaces de simbolizar, representar más efectivamente los mensajes, para posteriormente comunicar.

Cuando hablamos en diseño de simpleza y coherencia visual, no es sólo utilizar aspectos minimalistas, es más bien, la claridad como parte de la codificación de la palabra llevada de manera certera a la imagen. No importa el número de elementos que contenga, sino que al mirarlos la descripción no sea difícil de interpretar lo que la creatividad intenta rebuscar.

Muchas veces, los diseños efectistas se apoyan de mucha atracción visual, recursos que no están mal, siempre y cuando se utilicen en contextos y público que pueda comprenderlos.
El acostumbramiento a diferentes figuras gráfico-retóricas tiene que ver con la “evolución”(cuestionable) del arte y la tecnología; para un niño que ha crecido con estos juegos visuales es más fácil decodificar el mensaje que para alguien que tuvo que aprenderlo de adulto, es simple, las conexiones cerebrales que desarrollamos están marcadas por nuestros primeros tres años de vida y la mediana infancia.

No es menor analizar las tendencias que se desarrollaban en la juventud de nuestro público objetivo, es decir, potenciar los sentimientos motivadores de ciertos periodos de nuestra vida. Hay algunos estudios en neurociencia, sobre cómo los recuerdos que están más arraigados en nuestra mente, son aquellos que nos movilizaron, que provocaron cambio o simplemente que afectaron nuestra impulsividad, lo interesante de esto, es la identificación cultural con nuestro medio, con la interacción social que se marca y cómo la biología potencia nuestra mente secretando endorfinas y químicos que activan el sistema nervioso central. La conjugación de esto nos resulta un medio efectivo y que no necesariamente tiene que ver con el impacto visual “creativo” sino con lo simple que se vuelve complejo al relacionarse con nuestros conocimientos anteriores.

Por eso, ver lo importante y lo que no lo es, impone a los niveles de información que están implícitos a la hora de diseñar de menos a más, lo que nos motiva y potencia nuestra imperiosa necesidad de comunicar efectivamente.

*”Nuevos Paradigmas a comienzos del tercer milenio”, Álvaro Fischer, Instituto de Ingenieros de Chile, segunda edición, agosto 2004, Aguilar Chilena Ediciones S.A.

Un pensamiento en \"Lo simple y lo complejo desde el diseño.\"

  1. Encantada de leer semanalmente notas que llaman a la reflexión.

    El diseño, desde los conceptos de lo simple a lo complejo, es un conjunto sobretodo flexible a escenarios cambiantes. Me parece que lo simple siempre es complejo, aunque se quiera aludir a la simplicidad de una composición, pensando en productos comunicacionales, nunca lo son. Deben incorporar un alto contenido conceptual, emocional y dejar la posibilidad de asociaciones personales que permita, al observador, apropiarse e interpretarlo de una manera guiada (la complejidad pensada y estratégica)

    Hay que distinguir la simplicidad con la que el observador mira el producto, a la complejidad con la que fue diseñada, rescatando los elementos pertinentes de las formas que puedan colaborar con una comunicación fluida y certera.

    El diseñador, como dice Joan Costa, es un estratega y no un productor y técnico especialista en programas.

    Buen artículo para conversar :)
    Saludos

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